Cementerios de Aranjuez

 

Cementerio de Ontígola

Según contaba Ángel Ortiz (Cronista Oficial de la Villa), el primer intento de hacer un cementerio en Aranjuez fue en 1820, pero resultó fallido.

Hasta entonces, los vecinos que morían en las Jornadas Reales y fuera de ellas eran sepultados en Ontígola. Esto era la consecuencia de no disponer cementerio propio, como otras poblaciones. Al tratarse de un Real Sitio, no poseía parroquias, sólo reales capillas.

En Aranjuez era difícil conseguir un cementerio por la facilidad de los contagios y la presencia de la corte. A pesar de ello, era necesario por cuestiones económicas y religiosas.

Cuando un vecino era enterrado en Ontígola, los familiares estaban obligados a pagar el transporte y ofrecer una merienda a todo aquel que quisiera llorar al finado.

Tantos eran los cuerpos enterrados cerca de la iglesia, que a veces los efluvios de la putrefacción llegaban hasta el pueblo.

La Ilustración cuestionaba la inhumación dentro de las iglesias, y el rey prohibió en 1787 el enterramiento en los templos, obligando construir los cementerios fuera del casco urbanos.

Por ello, Carlos III mandó construir un “campo santo” en terreno baldío, no muy lejos de la villa, y dejar sin uso el que estaba cerca de la Iglesia.

Curiosamente, el de Ontígola resulta ser el primer cementerio civil de España, incluso unos años antes que el de La Granja de San Ildefonso.

Cementerio de "Las Cañas". Plano AGP, anónimo

El primero de Aranjuez es de 1845. Estaba situado al sudeste de la Huerta de San Pascual, sobre un terreno cedido por la reina María Cristina y financiado por el municipio. Se le conocía como “Las Cañas”. 

Era un recinto cuadrado y sencillo, que lindaba al sur con el Convento de San Pascual.

El terreno estaba en la falda de un cerro con una gran pendiente. Los nichos eran malos, estaban mal construidos, se enterraba a poca profundidad y en verano el olor era nauseabundo.

En 1850 se efectuó una ampliación que incluía la capilla.

La propiedad era del patrimonio de la corona, pero fue cedido al Ayuntamiento en usufructo. Sin embargo, fue abandonado muy pronto, pues la población creció mucho y resultaba insuficiente. Apenas funcionó 15 años.

Se decidió, por tanto, construir uno nuevo y llevar allí los restos mortales depositados en el anterior.

AGP, anónimo 1910

Las obras del actual cementerio de Santa Isabel empezaron en 1861 (reinando Isabel II), para lo cual se desmontó el cerro del “Otero”. Se inauguró en 1864, y desde ese mismo día fue cedido al Ayuntamiento.

Tenía un patio de 6.150 m2, cerrado con un muro. Además, se contó con un terreno aledaño de 20.000m2, para futuras ampliaciones.

A la entrada, se puso un arco de ladrillo con una puerta de hierro y, frente a ella, una capilla obra de Segundo de Lema.

El patio estaba dividido en 4 partes con calles de cipreses, una plaza central y una cruz de hierro.

A lo largo de los años ha sufrido ampliaciones y modificaciones pero, a pesar de ello, conserva el núcleo original diseñado por Lema.

¿Cómo será el siguiente cementerio? Modernas costumbres, como la incineración, podrían obligar a nuevos cambios ¿Quién sabe?...


Fuentes e Imágenes que no son propias:

AGP mapas anónimos de 1910 y 1835
La Tribuna de Toledo



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