Caléndula, "Recuerdo de Aranjuez"

La caléndula es una planta anual muy llamativa que se cultiva en jardines y macetas. Además de su belleza, tiene propiedades medicinales y ha sido tradicionalmente utilizada en ungüentos y cremas para tratar afecciones de la piel (quemaduras leves, cortes, picaduras de insectos, aliviar la inflamación y cicatrizar heridas).

Pero la cosa no queda ahí, también ayuda a prevenir e identificar plagas
 para que no infecten a todo el huerto o plantación. A todo ello debemos sumar que atrae abejas y otros polinizadores, los cuales mejoran la calidad del resto de plantas.


La mayoría de las caléndulas proceden del sur de Europa y principalmente de la región mediterránea. La caléndula Officinalis es una especie que ha dado origen a todas las variedades cultivadas, y resulta que en Aranjuez crece por sus alrededores de forma espontánea. De ella se conoce una variedad medio silvestre en algunos jardines.

Se trata de una de las llamadas plantas anuales, es decir, que germina, echa raíces, crece, florece, produce semillas y muere. Todo dentro del mismo año. En realidad, la caléndula desarrolla su proceso vital en menos tiempo según la época.

El nombre de esta flor proviene de la palabra latina “calendae”, nombre que daban los romanos al primer día del mes.

Forma parte de una gran familia de flores compuestas, como la margarita o las zinnias. En ellas no vemos una flor, sino un conjunto de florecillas dispuestas en común.

Se conocen unas 15 especies nativas de caléndula, y de ellas sobresalen las siguientes: arvensis, sicuma, eriocarpa, stellata, marítima, etc.

Existen caléndulas en todas las tonalidades de amarillo, desde el casi blanco hasta el naranja más oscuro. Hasta ahora no se han podido conseguir de otros colores.

Con los años desaparecieron por completo las variedades cultivadas y solo permanecieron las silvestres. Desde entonces, hubo intentos por recuperar su cultivo recogiendo algunas de ellas y adaptándolas, hasta conseguir flores nuevas, casi desconocidas en nuestro país.

Tras varios años de una cuidadosa selección de las clases silvestres recogidas en los alrededores de Aranjuez, se obtuvo una nueva variedad de caléndula. Por ello, se la bautizó como “Recuerdo de Aranjuez”.

Sus tallos son largos y bien distribuidos. Es notable su elegante aspecto y la hermosura de sus flores, de un bello color anaranjado, que nacen en abundancia. Entre ellas hay muchas que son dobles, aunque no todas pueden serlo, pues quedarían suprimidas totalmente las sencillas, que son las que llevan la simiente y desaparecería la especie.

Su tamaño alcanza aproximadamente los 10 a 12 cm de diámetro y los 40 a 60 cm de alto.

Las caléndulas pueden sembrarse durante la mayor parte del año, siendo recomendable en las zonas templadas hacerlo de agosto a octubre. De ese modo se consigue la floración en invierno, cuando lo hacen con mayor abundancia y belleza.

Sin embargo, en las zonas frías se recomienda hacerlo entre marzo y abril, para que florezcan en verano y otoño.

Se debe tener cuidado al exponerlas a un exceso de temperatura, pues disminuye su tamaño. No hay que olvidar que se trata de una planta a la cual no gusta el calor. Las flores más bellas, perfectas y abundantes, las dará con temperaturas que no pasen de los 16ºC.

La caléndula “Recuerdo de Aranjuez” es una flor que representa lo efímero y a la vez lo perenne, pues aun muriendo nunca desaparece…


Fuentes e Imágenes que no son propias:

Pixabay
http://www.floramontiberica.org/Bouteloua/Bouteloua_34.pdf
Kanda: La caléndula “Recuerdo de Aranjuez” y su cultivo en plena tierra y en tiestos.

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